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Archivos Mensuales: septiembre 1998

La Voz de Asturias, 9-9-98
Cosme Marina

PATRIA QUERIDA
Los conciertos que podríamos denominar de carácter institucional no suelen aportar gran cosa a la vida musical. Se recurre por lo general a un programa vinculado al asunto que se celebre y de una duración no demasiado larga, ya que gran parte del público asistente no lo es en función de su afición a la música, sino que lo hace movido por la conmemoración al efecto o por el brillo social que representan. Resulta por tanto muy llamativo el acierto de haberse estrenado en Asturias una obra que sirvió de embajada a la OSPA en su viaje al Festival de Lorient. Ha sido su inclusión en el programa del Día de Asturias un total acontecimiento musical. Compuesta por Ramón Prada, la suite sinfónica “La Noche Celta”, se caracteriza por una nítida fusión de instrumentación tradicional y clásica y por una aparentemente sencilla pero eficacísima construcción formal, factores que proporcionan esperanzas más que sobradas para afirmar con rotundidad que nos encontramos ante uno de los más firmes valores del futuro.
Una auténtica lección, ante la indolencia de la clase política, la de un joven compositor que continúa la línea medular en la que la música se asienta como uno de los pilares fundamentales de nuestra cultura.

El Comercio, 9-9-98
Ramón G. Avello

LA NOCHE CELTA
La ecuación “concierto conmemorativo del Día de Asturias” igual a “programa de música inspirada o creada en Asturias” se ha cumplido este año de una manera absoluta. Las dos obras del programa que la OSPA interpretó son adecuadas para este acto. La primera, una obra de madurez del compositor madrileño Conrado del Campo; la segunda, una obra juvenil, estrenada recientemente en el Festival de Lorient y escuchada por primera vez en Asturias con motivo del concierto del lunes, de Ramón Prada.
(…)
“La Noche Celta” es un poema sinfónico inspirado en la novela homónima de Juan Noriega. La novela de Noriega cuenta el sueño de una joven que, en una fiesta, una “nueite celta”, encuentra entre la tierra una diadema, la Torca de Plata. La joven se la pone en la cabeza, y revive oníricamente los últimos meses del castro de Coaña antes de la conquista definitiva por los romanos. La obra de Prada es el trasunto musical de este sueño fantástico, estructurado, al hilo de la novela, en dieciséis estampas.
Desde un aspecto melódico, “La Noche Celta” guarda relación con la música de Stivell, las canciones de los pioneros americanos popularizadas por el cine y, en general, con las músicas folclóricas celtas que van desde Bretaña hasta Irlanda. Melodías pentatónicas repetitivas, ritmos pujantes, se fusionan con una estructura sinfónica clásica, descriptiva y muy cuidada.
Uno de los aspectos más singulares de la obra es la interrelación entre los instrumentos tradicionales y la orquesta. Prada cuida el color “a tope”. Se exploran de una forma sugerente diversas combinaciones tímbricas como campanas y panderos, arpas y violín, zanfoña y viento. La gaita, tocada con pulcritud por Alberto Varillas, empasta con precisión con la orquesta y, en general, el resultado es natural y expresivo. La obra gustó entre otras cosas por la claridad de la estrucutra formal, un poema sinfónico muy fácil de seguir, y por este sincretismo que concilia dos mundos instrumentales diferentes.