EL COMERCIO: El compositor Ramón Prada

El Comercio, 29-11-98
Ramón G. Avello

EL COMPOSITOR RAMÓN PRADA
“La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”, repite Rubén Blades en su canción “Pedro Navaja”. Una buena sorpresa la recibieron los músicos de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) y otros participantes asturianos el 10 de agosto pasado en el Festival de Lorient. La OSPA interpretó en dicho festival tres obras. Las dos primeras, -las “Estampas asturianas”, de Lauret y las “Tres variaciones sobre un tema de gaita”, de Manuel F. Avello. Ambas obras, bien construidas y de impecable factura musical se escucharon con correcta frialdad. La tercera, el poema sinfónico “La Noche Celta”, de Ramón Prada, obtuvo un éxito clamoroso.
Dos días después, el periódico francés “Le Monde” dedicaba la primera página del diario a lo que para ellos fue, sin lugar a dudas, lo más destacado de todo el Festival de Lorient, “La Noche Celta”. Esta obra, escuchada recientemente en Oviedo, dentro de los actos conmemorativos del Día de Asturias, se grabará en diciembre por la OSPA.
Ramón Prada nació en Cangas de Onís y su inclinación hacia la música es, sin ser precoz, temprana, y la vive, más que a través de estudios académicos, por la influencia y el ejemplo de su padre Ramón Aniceto Prada, maestro nacional, músico vocacional y director de varios coros, entre ellos el Coro Mixto Peñasanta, de Cangas de Onís. Con la naturalidad de quien hace las cosas como sin querer, Ramón Prada aprende música y estudia órgano, principalmente con la intención concreta de acompañar a los coros dirigidos por su padre. El hecho de acompañar le exige al futuro compositor no sólo adiestrar los dedos, sino repentizar, a veces armonizar y sobre todo improvisar. Llenar los silencios entre obra y obra, los intermedios de una actuación coral religiosa, con una música no escrita que va surgiendo en el momento. Es curioso que la improvisación sea el caldo de cultivo de muchos compositores que fueron grandes organistas, como por ejemplo Cesar Franck, Bruckner o el propio Bach.
(…)
En la formación de Ramón Prada como compositor, más que la influencia de los estudios académicos fue capital el análisis y la audición de las obras musicales que más le entusiasmaron. Para él, su músico predilecto es Juan Sebastián Bach, de quien admira tanto la estructura musical contrapuntística como el perfil melódico. Entre los músicos contemporáneos, sus preferidos son aquellos que, encabezados por Stravinsky, preconizaron a principios del siglo XX la vuelta a Bach, la corriente neoclásica representada por músicos como Stravinsky, Poulenc y, con mayor expresividad, por Prokofiev y Shostakovich. Precisamente una de sus obras preferidas es la Quinta Sinfonía, de Prokofiev.
Otro campo musical para él muy apreciado y que más le influyó como compositor está en la música para cine. Para Prada, entre los compositores para cine, infravalorados como “músicos decoradores” están algunos de los mejores talentos de la música contemporánea. Admira sin reservas a Williams, Morricone, Bernard Herrmann y otros músicos que dejaron lo mejor de su talento en el cine. En su obra “La Noche Celta”, la influencia de la música cinematográfica es incuestionable.

La obra compuesta hasta ahora por Ramón Prada responde a lo que son o fueron sus intereses más inmediatos: el coro, el cine, las obras de cámara para el Conservatorio y dos obras sinfónicas, la segunda, titulada “Epicedio”, palabra que entre los antiguos griegos designaba a una composición poética de alabanza o recuerdo a una muerta, se estrenará esta primavera por la OSPA. Entre las obras corales, Prada compuso una Misa para cuatro voces mixtas y órgano, adaptaciones corales de canciones populares (…) y canciones originales de ambiente asturiano, como la titulada “El Salmón”. Entre las obras de cámara, vamos a mencionar algunos títulos: “Fantasía Singular”, para piano y oboe; “Babel”, composición para diez instrumentos y soprano; una “Sonatina”, para piano; y el “Trío para corno inglés, violoncello y piano”. Finalmente, para el cine compuso la música para dos cortos: “¡Hola, mamá!, dirigido por Pablo Fernández y nominado a los premios Goya de cine, y “El Huésped”, otro cortometraje del mismo director.

La Noche Celta.
En 1991, Juan Noriega, paisano de Cangas de Onís, publicó la novela “La Noche Celta” (…) La novela de Noriega es una amena fantasía, en donde se mezclan el pasado y el presente, sobre los últimos días del castro de Coaña antes de la conquista romana. Sobre esta narración de Noriega, Prada escribió en 1992, a manera de un poema sinfónico, una suite en 17 movimientos, estructurada al hilo de la novela. Hace pocos años, en una edición discretamente comercializada de la obra de Noriega, se acompañaba con la primera versión de la música, grabada por medio de sintetizadores por el propio autor, de Prada.
En otoño de 1997, Lisardo Lombardía propone a la Consejería de Cultura llevar esta obra al Festival de Lorient. Para ello, le piden a Prada que escriba, que fije, la versión orquestal, para que pueda ser interpretada por la OSPA. Valdés ve un esbozo de la obra, no le parece mal la idea, le gustan los aspectos tímbricos en los que se combinan instrumentos tradicionales como gaita asturiana, banda de gaitas, flauta de madera y flauta celta, zanfona y percusión étnica con una orquesta sinfónica completa.
Probablemente la intención del autor de la música de “La Noche Celta” no radica en reivindicar una ideología o un tipo de música, la música celta, un tanto cuestionada, sino en ilustrar la novela de su amigo Noriega. Para ello los personajes se asocian con motivos melódicos recurrentes; los ritmos se inspiran en un folklore imaginario -combinaciones de medidas binarias y ternarias, aires de danza- emparentado con la música del “Arco Atlántico”, la armonía busca por medio de la modalidad evocaciones medievales y los instrumentos tradicionales se engloban, con equilibrio, en la orquesta. Junto a esto, las influencias del folklore, de la música cinematográfica y del impresionismo francés se unen en un eclecticismo de bella factura. Entre las escenas más originales, cabe destacar el sexto movimiento, titulado “La torca de plata”, de un lirismo auténticamente personal, que nos sugiere las hondas raíces musicales del compositor.
Ramón Prada es muy joven. Recientemente tuvo la suerte de tener la desgracia de sacar unas oposiciones de Educación Secundaria. Sin embargo, su camino no está en los institutos de enseñanza, sino en la composición, y para ello debería seguir formándose, estudiar fuera, y consolidar un oficio musical, para el que está excepcionalmente dotado.

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