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Archivos diarios: 20-julio-2003

La Voz de Asturias. 20/07/2003
Aurelio M. Seco

DIRECCION MAGISTRAL

El pasado viernes tuvo lugar en el Teatro Jovellanos, el concierto que sirvió para cerrar por este año los Cursos Magistralia para la difusión de la música clásica.

A parte del interés que el concierto tenga a nivel pedagógico, que por otro lado es indudable, durante la velada hubo otros muchos focos de atención que hay que destacar. Por una parte, la presencia en el programa de varias obras de estreno absoluto. Fue el caso de Repercussión , del compositor y percusionista de la OSCO Fernando Arias, o el caso más interesante de Réquiem for Persia , de Ramón Prada, que nos presentó una preciosa obra en tres partes que mezcla elementos musicales tradicionales con otros algo más novedosos -sonidos de sirenas, helicópteros- perfectamente “ensamblados”, con una función dramática muy conseguida. En definitiva, se trata de una pieza que seguro habrá que recuperar en otras ocasiones, por su interés.

Pero lo que quizás se puso más de manifiesto en la función del viernes, es el fenomenal trabajo de dirección llevado a cabo por el equipo de profesores de los cursos, que en quince días, han logrado llevar a un numeroso número de alumnos -por cierto bastantes más alumnas- a niveles artísticos por encima de sus posibilidades personales.

Es el caso de Joaquín Valdeón, un director de sobra conocido en el Principado, cuya profesionalidad y saber hacer al frente de los cursos es una garantía de calidad, y lo mismo se puede decir del equipo de profesionales de la OSCO, Virtuosos de Moscú, profesores del Conservatorio de Oviedo o de la Universidad.

Dentro de un sistema educativo donde la música es la gran desconocida incluso para los propios músicos, que en ocasiones perjudican más que ayudan, nunca se elogian demasiado actividades como ésta, y no sólo por la función que puedan cumplir en el contexto educativo musical, sino también, y sobre todo, por la calidad con que se llevan a efecto.

Y es que aparte del entusiasmo generado por los familiares en los aplausos del final del concierto, el aplauso debe ir a la iniciativa en general, que será necesario apoyar y potenciar aún más por parte de las diversas instituciones, dado que estamos hablando de una de las actividades educativas más importantes que se desarrollan a nivel nacional.

El Comercio. 20/07/2003
Ramón Avello.

Inquietud y disfrute musical

No es una pose, Emilio Aragón lo pasa ‘pipa’ haciendo música; el director Joaquín Valdeón y los intérpretes de la Orquesta Magistralia lo pasan en grande y, lo más interesante, el numeroso público que asistió al concierto de clausura de los cursos Magistralia 2003 en el teatro Jovellanos, también. La unidad bajo el cobijo de la música de formación, disfrute, creación y escucha comunicativa, constituye la clave de esta experiencia singular que reúne en Gijón a jóvenes instrumentistas.

Ya el programa del concierto, refleja la actitud abierta, nueva y original que impregna Magistralia. Todas las obras, salvo la Danza Húngara N.1 en sol menor, de Brahms, tocada como propina, son contemporáneas, la mayoría de ellas, estrenos. Desde las variadas piezas para percusión de Fernando Arias, ricas en polirritmias y efectos tímbricos, al divertimento neoclásico para piano, trompeta y orquesta de cuerdas, de Aragón.

Desde el cuento sinfónico ‘Viaje al jazz’, de Gunther Schuller, una composición construida a la manera de ‘Pedro y el lobo’, de Prokofiev, pero sobre una atmósfera jazzística llena de sugerencias, hasta el ‘Réquiem for Persia’, de Ramón Prada, obra compuesta para este curso. (Tal vez Persia, realidad geográfica que remite a Irán, sea, como sabe Prada, menos apropiado en la actualidad que Mesopotamia, sin embargo, el ‘eje del mal’ es tan inquietante y turbio que lo que en la obra se narra como un recuerdo, en la realidad sea una desgraciada anticipación).

El ‘Réquiem’ es un poema sinfónico creado, en mi opinión, bajo tres intenciones. Una intención pedagógica, manifestada en los juegos de ritmos, color y melodías, en la utilización de nuevas grafías musicales y en los fraseos amplios en las cuerdas; una intención artística de carácter descriptivo sobre la desgarrada guerra del Golfo, y una intención de compromiso ético del autor.

Escrita en tres movimientos, el primero es la evocación del color local del próximo oriente, por medio de un mosaico de melodías y ritmos.

El segundo movimiento, que recuerda a la ‘Lamentación por las víctimas de Hiroshima’, de Penderecki, es la imagen del terror, articulada por medio de gritos, glissandis, notas semitonadas, y acordes arracimados.

El tercer movimiento, el más personal de la obra, es un adagio triste, para cuerdas y sonidos de campanas. Una obra muy bien construida, dirigida con sensibilidad y tocada con emoción.