EL COMERCIO: Inquietud y disfrute musical

El Comercio. 20/07/2003
Ramón Avello.

Inquietud y disfrute musical

No es una pose, Emilio Aragón lo pasa ‘pipa’ haciendo música; el director Joaquín Valdeón y los intérpretes de la Orquesta Magistralia lo pasan en grande y, lo más interesante, el numeroso público que asistió al concierto de clausura de los cursos Magistralia 2003 en el teatro Jovellanos, también. La unidad bajo el cobijo de la música de formación, disfrute, creación y escucha comunicativa, constituye la clave de esta experiencia singular que reúne en Gijón a jóvenes instrumentistas.

Ya el programa del concierto, refleja la actitud abierta, nueva y original que impregna Magistralia. Todas las obras, salvo la Danza Húngara N.1 en sol menor, de Brahms, tocada como propina, son contemporáneas, la mayoría de ellas, estrenos. Desde las variadas piezas para percusión de Fernando Arias, ricas en polirritmias y efectos tímbricos, al divertimento neoclásico para piano, trompeta y orquesta de cuerdas, de Aragón.

Desde el cuento sinfónico ‘Viaje al jazz’, de Gunther Schuller, una composición construida a la manera de ‘Pedro y el lobo’, de Prokofiev, pero sobre una atmósfera jazzística llena de sugerencias, hasta el ‘Réquiem for Persia’, de Ramón Prada, obra compuesta para este curso. (Tal vez Persia, realidad geográfica que remite a Irán, sea, como sabe Prada, menos apropiado en la actualidad que Mesopotamia, sin embargo, el ‘eje del mal’ es tan inquietante y turbio que lo que en la obra se narra como un recuerdo, en la realidad sea una desgraciada anticipación).

El ‘Réquiem’ es un poema sinfónico creado, en mi opinión, bajo tres intenciones. Una intención pedagógica, manifestada en los juegos de ritmos, color y melodías, en la utilización de nuevas grafías musicales y en los fraseos amplios en las cuerdas; una intención artística de carácter descriptivo sobre la desgarrada guerra del Golfo, y una intención de compromiso ético del autor.

Escrita en tres movimientos, el primero es la evocación del color local del próximo oriente, por medio de un mosaico de melodías y ritmos.

El segundo movimiento, que recuerda a la ‘Lamentación por las víctimas de Hiroshima’, de Penderecki, es la imagen del terror, articulada por medio de gritos, glissandis, notas semitonadas, y acordes arracimados.

El tercer movimiento, el más personal de la obra, es un adagio triste, para cuerdas y sonidos de campanas. Una obra muy bien construida, dirigida con sensibilidad y tocada con emoción.

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