LA NUEVA ESPAÑA: Prada, las raíces románticas

La Nueva España. 12/02/2004
Cosme Marina

Prada, las raíces románticas

Independientemente de las obras de mayor calado y vistosidad mediática, los grandes compositores, aquellos que tienen verdadera ambición creativa, buscan en composiciones de corte más intimista una ventana expresiva que sirva para canalizar, de otra manera y con formas diversas, determinados estados anímicos que tienen un carácter personal y, por derivación, genérico. Éste es el caso del último trabajo del compositor asturiano Ramón Prada -«Veinte canciones de amor y un poema desesperado»-, que ayer se presentó en Oviedo, en la Sociedad General de Autores de España (SGAE). Un disco editado por FonoAstur y que Lisardo Lombardía calificó como un trabajo «personal, un lujo porque se trata de una obra excepcional y de grandes cualidades musicales».
En síntesis, estas veinte canciones tienen una génesis y una concepción peculiares. Prada las escribe entre diciembre de 1996 y marzo de 1997 y están compuestas en un total de trece días de trabajo. Sus títulos se articulan en torno a un poema que el compositor escribe mientras asistía a los cursos de composición de Veruela -que hoy ya no existen- y que, posteriormente, sirven de título a cada una de las canciones. Su destinataria era, en ese momento, una sola persona: su hoy esposa, Estefanía Lana. Graba posteriormente Prada el disco en su casa y, a partir de ahí, hasta ahora nadie más conoce estas obras.
Es su propia esposa la que empuja a Prada para que saque a la luz pública esta música de intensidad luminosa que el propio autor grabó e interpretó en el estudio de su casa -«en un momento que estaba en dedos para interpretar esto», sentenció Prada-. Quiso el autor que, de todas formas, no fuese un disco convencional. De hecho, se ha realizado una primera edición de 500 copias, con una original presentación en forma de cruz y un cuidado diseño realizado por él y su hermano Juan Prada.
«Son ya bastantes años sin hacer un disco propio y estas obras están realizadas justo al término de haber grabado «La noche celta». Es un disco muy personal y tiene muy poco que ver con otras cosas mías, es bastante diferente», subrayó ayer Ramón Prada.
Las canciones, de carácter íntimo, son una sucesión de improvisaciones al piano que tienen fuerte impronta, en su sustrato, de la gran literatura pianística romántica, sobre todo en lo que a su aliento lírico se refiere. En ellas Prada reinventa su mundo creativo y va más allá. Es decir, no abandona su peculiar universo creativo, sino que le da una vuelta de tuerca. En la estructura formal de las sucesivas canciones se trata de un ciclo creativo que ahonda las raíces románticas que Prada ya ha cultivado en otras obras suyas. De ahí que, aunque se trate de una serie de creaciones de gran originalidad, en el contexto de su catálogo, no por ello dejan de ser obras que beben en el lenguaje de Prada de forma absoluta porque conceptualmente no se apartan de su vena melancólica que tan fértiles resultados le ha proporcionado en obras suyas en las que la gran orquesta sinfónica es protagonista. Ahora, Prada explora las raíces románticas a través de una seriación de mirada tradicional y base enérgica estructurada con su magisterio técnico habitual que le permite jugar con las citas -bachianas más evidentes, pero también de otros autores románticos- cultivando un catálogo de sentimientos, de emociones desnudas, lúcidas y hermosas.

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