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en la prensa…

La Voz de Asturias. 21/07/2003
Covadonga Pradales

MAGISTRAL CONCIERTO

El pasado viernes se realizó en el Jovellanos el concierto de clausura de los cursos Magistralia 2003. El público asistente tuvo la oportunidad de disfrutar de un concierto muy interesante, profesional y con un programa nada habitual. Sorprendió gratamente la buena formación de estos jóvenes músicos y las obras puestas en escena, estrenos mundiales o nacionales en su mayor parte.

La primera parte tuvo como protagonista a la magnífica sección de percusión de la Orquesta Magistralia, de gran calidad y muy preparada. En primer lugar se interpretó ´Gainsborough´ de Tom Gauger. Se trata de una pieza de gran energía que juega con los ritmos y las intensidades. El tema principal, situado en los xilófonos, sonó claro y muy seguro. La misma calidad se mantuvo en ´African Suite´ de Fernando Arias. En esta obra pesa un poco más la línea melódica y ésta se cuidó especialmente en la parte central siendo el resultado una sonoridad a modo de caja de música. La siguiente obra, también de Fernando Arias, fue un estreno absoluto. Pieza también para percusión se inicia con unos ataques fuertes y contundentes captando así la atención del oyente desde el primer momento. Los ritmos asimétricos, los esquemas yuxtapuestos y los dibujos rítmicos mantenidos durante diversos compases dan a la obra una gran riqueza rítmica, pero también la dotan de gran dificultad. Su interpretación fue muy buena. La última pieza de la primera parte, también estreno mundial, fue el ´Requiem for Persia´ de Ramón Prada. Se trata de una obra realmente buena y muy expresiva en la que se combinan elementos clásicos y contemporáneos como la utilización de sonido grabados de helicópteros o efectos de sirenas. La sección de cuerda estuvo muy bien.

La segunda parte se inició con la pieza de Emilio Aragón ´Divertimento sobre un tema de Parks para piano, trompeta en Do y orquesta de cuerda´. La joven trompetista, pese a que los nervios le hicieron perder el control sobre algunas notas, estuvo bastante bien. Logró un buen sonido y buen estilo. La sección de cuerda de la orquesta sonó muy unificada. El programa se cerró con la original obra de Gunther Schuller ´Viaje al Jazz, cuento sinfónico para orquesta y quinteto de jazz´ interpretada por primera vez en España. Muy buena calidad la del quinteto de jazz y, por supuesto, la del resto de la orquesta. En conjunto resultó un concierto muy entretenido y que dio la oportunidad de disfrutar de obras muy interesantes.

La Voz de Asturias. 20/07/2003
Aurelio M. Seco

DIRECCION MAGISTRAL

El pasado viernes tuvo lugar en el Teatro Jovellanos, el concierto que sirvió para cerrar por este año los Cursos Magistralia para la difusión de la música clásica.

A parte del interés que el concierto tenga a nivel pedagógico, que por otro lado es indudable, durante la velada hubo otros muchos focos de atención que hay que destacar. Por una parte, la presencia en el programa de varias obras de estreno absoluto. Fue el caso de Repercussión , del compositor y percusionista de la OSCO Fernando Arias, o el caso más interesante de Réquiem for Persia , de Ramón Prada, que nos presentó una preciosa obra en tres partes que mezcla elementos musicales tradicionales con otros algo más novedosos -sonidos de sirenas, helicópteros- perfectamente «ensamblados», con una función dramática muy conseguida. En definitiva, se trata de una pieza que seguro habrá que recuperar en otras ocasiones, por su interés.

Pero lo que quizás se puso más de manifiesto en la función del viernes, es el fenomenal trabajo de dirección llevado a cabo por el equipo de profesores de los cursos, que en quince días, han logrado llevar a un numeroso número de alumnos -por cierto bastantes más alumnas- a niveles artísticos por encima de sus posibilidades personales.

Es el caso de Joaquín Valdeón, un director de sobra conocido en el Principado, cuya profesionalidad y saber hacer al frente de los cursos es una garantía de calidad, y lo mismo se puede decir del equipo de profesionales de la OSCO, Virtuosos de Moscú, profesores del Conservatorio de Oviedo o de la Universidad.

Dentro de un sistema educativo donde la música es la gran desconocida incluso para los propios músicos, que en ocasiones perjudican más que ayudan, nunca se elogian demasiado actividades como ésta, y no sólo por la función que puedan cumplir en el contexto educativo musical, sino también, y sobre todo, por la calidad con que se llevan a efecto.

Y es que aparte del entusiasmo generado por los familiares en los aplausos del final del concierto, el aplauso debe ir a la iniciativa en general, que será necesario apoyar y potenciar aún más por parte de las diversas instituciones, dado que estamos hablando de una de las actividades educativas más importantes que se desarrollan a nivel nacional.

El Comercio. 20/07/2003
Ramón Avello.

Inquietud y disfrute musical

No es una pose, Emilio Aragón lo pasa ‘pipa’ haciendo música; el director Joaquín Valdeón y los intérpretes de la Orquesta Magistralia lo pasan en grande y, lo más interesante, el numeroso público que asistió al concierto de clausura de los cursos Magistralia 2003 en el teatro Jovellanos, también. La unidad bajo el cobijo de la música de formación, disfrute, creación y escucha comunicativa, constituye la clave de esta experiencia singular que reúne en Gijón a jóvenes instrumentistas.

Ya el programa del concierto, refleja la actitud abierta, nueva y original que impregna Magistralia. Todas las obras, salvo la Danza Húngara N.1 en sol menor, de Brahms, tocada como propina, son contemporáneas, la mayoría de ellas, estrenos. Desde las variadas piezas para percusión de Fernando Arias, ricas en polirritmias y efectos tímbricos, al divertimento neoclásico para piano, trompeta y orquesta de cuerdas, de Aragón.

Desde el cuento sinfónico ‘Viaje al jazz’, de Gunther Schuller, una composición construida a la manera de ‘Pedro y el lobo’, de Prokofiev, pero sobre una atmósfera jazzística llena de sugerencias, hasta el ‘Réquiem for Persia’, de Ramón Prada, obra compuesta para este curso. (Tal vez Persia, realidad geográfica que remite a Irán, sea, como sabe Prada, menos apropiado en la actualidad que Mesopotamia, sin embargo, el ‘eje del mal’ es tan inquietante y turbio que lo que en la obra se narra como un recuerdo, en la realidad sea una desgraciada anticipación).

El ‘Réquiem’ es un poema sinfónico creado, en mi opinión, bajo tres intenciones. Una intención pedagógica, manifestada en los juegos de ritmos, color y melodías, en la utilización de nuevas grafías musicales y en los fraseos amplios en las cuerdas; una intención artística de carácter descriptivo sobre la desgarrada guerra del Golfo, y una intención de compromiso ético del autor.

Escrita en tres movimientos, el primero es la evocación del color local del próximo oriente, por medio de un mosaico de melodías y ritmos.

El segundo movimiento, que recuerda a la ‘Lamentación por las víctimas de Hiroshima’, de Penderecki, es la imagen del terror, articulada por medio de gritos, glissandis, notas semitonadas, y acordes arracimados.

El tercer movimiento, el más personal de la obra, es un adagio triste, para cuerdas y sonidos de campanas. Una obra muy bien construida, dirigida con sensibilidad y tocada con emoción.

El Comercio, 2-9-2000
Ramón G. Avello

CLAUSURA CON PUNTO Y SEGUIDO

El estreno de la obra «Pequeño libro acerca de Bach», del asturiano Ramón Prada, cerró el I Festival de Música de Cámara Evaristo Valle.

(…)
El estreno de Ramón Prada «Pequeño libro acerca de Bach», no solo fue la guinda, sino también el sentido de un festival proyectado hacia el futuro. Los aplausos del público, cosa infrecuente en los estrenos de la música contemporánea, no eran los que dicta la cortesía, sino los que obedecen al entusiasmo. La obra de Prada gustó. Estilísticamente, es innegable un cierto eclecticismo que lo podemos relaccionar con las tendencias neoclásicas del siglo XX. Pero este eclecticismo no es un punto medio entre lo barroco y lo contemporáneo, sino una expresión sincera y personal de este homenaje a Bach.
Entre los cinco movimientos, el segundo, «Viaje a Lübek», en el que se entremezclan con melodías de Prada un tema de Buxtehude y un preludio para violoncello, interpretado por el clave, de Bach, es como el corazón de la Suite, y el movimiento más personal de Prada. La «Fuga de Weimar», biseada al final del concierto, demuestra un inequívoco oficio.

El Comercio, 31-08-2000
Ramón G. Avello

RECREACIONES Y SEMBLANZAS BACHIANAS

La Orquesta de Cámara Evaristo Valle estrena hoy la obra «Pequeño libro acerca de Bach», del compositor asturiano Ramón Prada.

Son muchas las corrientes y tendencias de la música del siglo XX. Ramón Prada las asume con cierta distancia y prevención.

Él va por su camino. Un poco a contracorriente, Prada busca un estilo personal, sin apartarse excesivamente del mundo de la tonalidad y creando una música sincera, que exprese ideas y sentimientos, sin preocuparse de estar a la cabeza estilística del momento.
(…)
Pequeño libro acerca de Bach.
Para Ramón Prada, la primera dificultad ante una nueva obra es el planteamiento formal, el molde externo sobre el que se perfila la partitura. Buen conocedor, tanto desde su oficio de organista como de compositor, de la obra de Bach, Prada concibió esta composición que hoy se estrena a las 22:30 en el Museo Evaristo Valle como un homenaje a Bach. Para ello, la forma se acerca libremente a una suite barroca para orquesta de cuerda y clave.
El título de la obra, «Pequeño libro acerca de Bach», evoca a la «Pequeña crónica de Bach», escrita por Anna Magdalena Bach, segunda mujer del músico. En los cinco movimientos de la suite, las huellas, los guiños y alusiones a Bach y su época son constantes. Nos encontramos, así, con referencias biográficas, como el viaje a Lübek que Juan Sebastián Bach hizo para escuchar al organista Buxtehude; referencias simbólicas, como los motivos sobre las notas Si bemol, La, Do, Si natural, notas que en alemán se representan por las letras B, A, C, H; y referencias estilísticas en las texturas contrapuntísticas y fugadas de las voces. En este juego de referencias y alusiones, las citas concretas de motivos de Bach extraídos del Preludio de la Suite Nº 1 para violoncello solo, la Cantata Nº 140, y los Preludios y Fugas de «El clave bien temperado», se entremezclan con las melodías y armonías creadas por Prada.

A través de un caleidoscopio.
El afán por descomponer y agrupar en una nueva mirada la música de Bach, llega a su extremo en uno de los movimientos de la Suite, que Prada titula «Collage». Como en un collage plástico, diferentes temas de «El clave bien temperado» se recortan y agrupan formando una peculiar unidad, mientras que a la manera de un bajo continuo desarrollado, suena el famoso Preludio en Do mayor, utilizado por Gounod en su «Ave María». Todas las notas de este movimiento, de este ‘collage’, son de Bach. Prada las combina como si fuesen imágenes de un caleidoscopio, organizadas por la imaginación y oficio del compositor asturiano.

El Comercio, 29-11-98
Ramón G. Avello

EL COMPOSITOR RAMÓN PRADA
«La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida», repite Rubén Blades en su canción «Pedro Navaja». Una buena sorpresa la recibieron los músicos de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) y otros participantes asturianos el 10 de agosto pasado en el Festival de Lorient. La OSPA interpretó en dicho festival tres obras. Las dos primeras, -las «Estampas asturianas», de Lauret y las «Tres variaciones sobre un tema de gaita», de Manuel F. Avello. Ambas obras, bien construidas y de impecable factura musical se escucharon con correcta frialdad. La tercera, el poema sinfónico «La Noche Celta», de Ramón Prada, obtuvo un éxito clamoroso.
Dos días después, el periódico francés «Le Monde» dedicaba la primera página del diario a lo que para ellos fue, sin lugar a dudas, lo más destacado de todo el Festival de Lorient, «La Noche Celta». Esta obra, escuchada recientemente en Oviedo, dentro de los actos conmemorativos del Día de Asturias, se grabará en diciembre por la OSPA.
Ramón Prada nació en Cangas de Onís y su inclinación hacia la música es, sin ser precoz, temprana, y la vive, más que a través de estudios académicos, por la influencia y el ejemplo de su padre Ramón Aniceto Prada, maestro nacional, músico vocacional y director de varios coros, entre ellos el Coro Mixto Peñasanta, de Cangas de Onís. Con la naturalidad de quien hace las cosas como sin querer, Ramón Prada aprende música y estudia órgano, principalmente con la intención concreta de acompañar a los coros dirigidos por su padre. El hecho de acompañar le exige al futuro compositor no sólo adiestrar los dedos, sino repentizar, a veces armonizar y sobre todo improvisar. Llenar los silencios entre obra y obra, los intermedios de una actuación coral religiosa, con una música no escrita que va surgiendo en el momento. Es curioso que la improvisación sea el caldo de cultivo de muchos compositores que fueron grandes organistas, como por ejemplo Cesar Franck, Bruckner o el propio Bach.
(…)
En la formación de Ramón Prada como compositor, más que la influencia de los estudios académicos fue capital el análisis y la audición de las obras musicales que más le entusiasmaron. Para él, su músico predilecto es Juan Sebastián Bach, de quien admira tanto la estructura musical contrapuntística como el perfil melódico. Entre los músicos contemporáneos, sus preferidos son aquellos que, encabezados por Stravinsky, preconizaron a principios del siglo XX la vuelta a Bach, la corriente neoclásica representada por músicos como Stravinsky, Poulenc y, con mayor expresividad, por Prokofiev y Shostakovich. Precisamente una de sus obras preferidas es la Quinta Sinfonía, de Prokofiev.
Otro campo musical para él muy apreciado y que más le influyó como compositor está en la música para cine. Para Prada, entre los compositores para cine, infravalorados como «músicos decoradores» están algunos de los mejores talentos de la música contemporánea. Admira sin reservas a Williams, Morricone, Bernard Herrmann y otros músicos que dejaron lo mejor de su talento en el cine. En su obra «La Noche Celta», la influencia de la música cinematográfica es incuestionable.

La obra compuesta hasta ahora por Ramón Prada responde a lo que son o fueron sus intereses más inmediatos: el coro, el cine, las obras de cámara para el Conservatorio y dos obras sinfónicas, la segunda, titulada «Epicedio», palabra que entre los antiguos griegos designaba a una composición poética de alabanza o recuerdo a una muerta, se estrenará esta primavera por la OSPA. Entre las obras corales, Prada compuso una Misa para cuatro voces mixtas y órgano, adaptaciones corales de canciones populares (…) y canciones originales de ambiente asturiano, como la titulada «El Salmón». Entre las obras de cámara, vamos a mencionar algunos títulos: «Fantasía Singular», para piano y oboe; «Babel», composición para diez instrumentos y soprano; una «Sonatina», para piano; y el «Trío para corno inglés, violoncello y piano». Finalmente, para el cine compuso la música para dos cortos: «¡Hola, mamá!, dirigido por Pablo Fernández y nominado a los premios Goya de cine, y «El Huésped», otro cortometraje del mismo director.

La Noche Celta.
En 1991, Juan Noriega, paisano de Cangas de Onís, publicó la novela «La Noche Celta» (…) La novela de Noriega es una amena fantasía, en donde se mezclan el pasado y el presente, sobre los últimos días del castro de Coaña antes de la conquista romana. Sobre esta narración de Noriega, Prada escribió en 1992, a manera de un poema sinfónico, una suite en 17 movimientos, estructurada al hilo de la novela. Hace pocos años, en una edición discretamente comercializada de la obra de Noriega, se acompañaba con la primera versión de la música, grabada por medio de sintetizadores por el propio autor, de Prada.
En otoño de 1997, Lisardo Lombardía propone a la Consejería de Cultura llevar esta obra al Festival de Lorient. Para ello, le piden a Prada que escriba, que fije, la versión orquestal, para que pueda ser interpretada por la OSPA. Valdés ve un esbozo de la obra, no le parece mal la idea, le gustan los aspectos tímbricos en los que se combinan instrumentos tradicionales como gaita asturiana, banda de gaitas, flauta de madera y flauta celta, zanfona y percusión étnica con una orquesta sinfónica completa.
Probablemente la intención del autor de la música de «La Noche Celta» no radica en reivindicar una ideología o un tipo de música, la música celta, un tanto cuestionada, sino en ilustrar la novela de su amigo Noriega. Para ello los personajes se asocian con motivos melódicos recurrentes; los ritmos se inspiran en un folklore imaginario -combinaciones de medidas binarias y ternarias, aires de danza- emparentado con la música del «Arco Atlántico», la armonía busca por medio de la modalidad evocaciones medievales y los instrumentos tradicionales se engloban, con equilibrio, en la orquesta. Junto a esto, las influencias del folklore, de la música cinematográfica y del impresionismo francés se unen en un eclecticismo de bella factura. Entre las escenas más originales, cabe destacar el sexto movimiento, titulado «La torca de plata», de un lirismo auténticamente personal, que nos sugiere las hondas raíces musicales del compositor.
Ramón Prada es muy joven. Recientemente tuvo la suerte de tener la desgracia de sacar unas oposiciones de Educación Secundaria. Sin embargo, su camino no está en los institutos de enseñanza, sino en la composición, y para ello debería seguir formándose, estudiar fuera, y consolidar un oficio musical, para el que está excepcionalmente dotado.

La Voz de Asturias, 9-9-98
Cosme Marina

PATRIA QUERIDA
Los conciertos que podríamos denominar de carácter institucional no suelen aportar gran cosa a la vida musical. Se recurre por lo general a un programa vinculado al asunto que se celebre y de una duración no demasiado larga, ya que gran parte del público asistente no lo es en función de su afición a la música, sino que lo hace movido por la conmemoración al efecto o por el brillo social que representan. Resulta por tanto muy llamativo el acierto de haberse estrenado en Asturias una obra que sirvió de embajada a la OSPA en su viaje al Festival de Lorient. Ha sido su inclusión en el programa del Día de Asturias un total acontecimiento musical. Compuesta por Ramón Prada, la suite sinfónica «La Noche Celta», se caracteriza por una nítida fusión de instrumentación tradicional y clásica y por una aparentemente sencilla pero eficacísima construcción formal, factores que proporcionan esperanzas más que sobradas para afirmar con rotundidad que nos encontramos ante uno de los más firmes valores del futuro.
Una auténtica lección, ante la indolencia de la clase política, la de un joven compositor que continúa la línea medular en la que la música se asienta como uno de los pilares fundamentales de nuestra cultura.

El Comercio, 9-9-98
Ramón G. Avello

LA NOCHE CELTA
La ecuación «concierto conmemorativo del Día de Asturias» igual a «programa de música inspirada o creada en Asturias» se ha cumplido este año de una manera absoluta. Las dos obras del programa que la OSPA interpretó son adecuadas para este acto. La primera, una obra de madurez del compositor madrileño Conrado del Campo; la segunda, una obra juvenil, estrenada recientemente en el Festival de Lorient y escuchada por primera vez en Asturias con motivo del concierto del lunes, de Ramón Prada.
(…)
«La Noche Celta» es un poema sinfónico inspirado en la novela homónima de Juan Noriega. La novela de Noriega cuenta el sueño de una joven que, en una fiesta, una «nueite celta», encuentra entre la tierra una diadema, la Torca de Plata. La joven se la pone en la cabeza, y revive oníricamente los últimos meses del castro de Coaña antes de la conquista definitiva por los romanos. La obra de Prada es el trasunto musical de este sueño fantástico, estructurado, al hilo de la novela, en dieciséis estampas.
Desde un aspecto melódico, «La Noche Celta» guarda relación con la música de Stivell, las canciones de los pioneros americanos popularizadas por el cine y, en general, con las músicas folclóricas celtas que van desde Bretaña hasta Irlanda. Melodías pentatónicas repetitivas, ritmos pujantes, se fusionan con una estructura sinfónica clásica, descriptiva y muy cuidada.
Uno de los aspectos más singulares de la obra es la interrelación entre los instrumentos tradicionales y la orquesta. Prada cuida el color «a tope». Se exploran de una forma sugerente diversas combinaciones tímbricas como campanas y panderos, arpas y violín, zanfoña y viento. La gaita, tocada con pulcritud por Alberto Varillas, empasta con precisión con la orquesta y, en general, el resultado es natural y expresivo. La obra gustó entre otras cosas por la claridad de la estrucutra formal, un poema sinfónico muy fácil de seguir, y por este sincretismo que concilia dos mundos instrumentales diferentes.

Le Monde, 13-08-1998
Philip de la Croix

RAMÓN PRADA, COLORISTE DES ASTURIES.

À quelques jours de sa clôture, le Festival interceltique de Lorient a vécu une Nuit Celte mémorable, suite symphonique écrite par le compositeur Ramón Prada, dont c’est la première création d’une telle ampleur. C’était le point d’orgue d’une soirée consacrée aux Asturies, province d’un monde celte en pleine forme artistique.
En spencer blanc, col ouvert, Maximiano Valdés entre sur la scène illuminée. S’emparant d’un micro, le chef présente le plus simplement du monde son orchestre et le oeuvres qu’il va diriger, retransmis sur deux écrans géants placés de chaque côté de la scène. Le festival, à cet instant, bouscule les habitudes du concert. Le public est conquis. C’est la méthode Interceltique (…)
Le morceau de bravoure de cette nuit fut la création mondiale de «La Nuit Celte». Composée par Ramón Prada, cette pièce de quarante-cinq minutes est une suite symphonique pour orchestre, gaita, zanfona (vielle à roue) et ensemble de gaitas. S’appuyant sur un récit de la resistance des Celtes asturiens face à l’envahisseur romain, «La nuit celte» est une musique «à programme».
Bien construite, l’oeuvre raconte sur un mode très expressif, en dix-sept tableaux, l’amour, la bataille, la trahison, la résistance… Le plus fort est qu’on y croit. Avec culot, ce compositeur asturien, dont c’est la première création symphonique, fait accepter une musique simple, bien orchestrée, riche de mille idées.
Ramón Prada sait construire son récit et faire jouer avec l’orchestre deux instruments traditionnels musicalement limités, la gaita et la zanfona. Il crée de belles couleurs sonores, en jouant fréquemment sur l’alternance des pupitres et les effets de surprise par la variation de tempo. Quelques facilités très melodiques, des naïvetés à la fin de l’oeuvre ne gâchent pas notre plaisir. Et le public enthousiaste, applaudissant entre les brefs mouvements, se prend au jeu de l’écoute attentive, avant de faire un triomphe à cette «Nuit Celte» qui doit beaucoup au «Nouveau Monde» de Dvorak pour le thème récurrent, à Rodrigo pour la filiation espagnole et à la musique de film pour l’efficacité.
De cette soirée on regrettera le travail de sape d’un sonorisateur qui a contrecarré la direction précise et délicate du chef. Rénové en 1991, très international et doté d’un remarquable pupitre de cordes pour la plupart issus des Virtuoses de Moscou, l’Orchestre symphonique des Asturies tire très bien son épingle d’un jeu, somme toute, périlleux car l’oeuvre de Ramón Prada, qui revendique tonalité et néoclassicisme, n’est pas aussi aisée à interpréter qu’elle pourrait le laisser croire.

La Nueva España, 1997
Pepe Colubi

RAMÓN PRADA, COMPOSITOR – (De Nuevos)

(…)

-¿Compositor o músico?
-Compositor. Me gusta más la labor detrás del público; soy intérprete pero prefiero que trabajen otros para tocar.

-¿Por qué flamenco ahora?
-Es una actividad paralela que surge al encontrar gente interesada en conocer una música diferente, aunque lo hacemos de manera muy fusionada.

-¿Cómo ve ahora «La Noche Celta»?
-Muy lejos; la compuse en 1992 y la grabé en 1995.

-¿Mike Oldfield o Paco de Lucía?
-¡Paco de Lucía, hombre!

-¿Sirven los estudios de música?
-Sirven para coger una base y después romperla. Si quieres hacer algo original tienes que saltarte esa base, pero es necesaria para lograr cierta soltura.

-¿Qué es lo más difícil de enseñar?
-A querer la música; si consigues eso lo demás va solo.

-¿Vinilo, CD, DAT o Mini-Disc?
-Por calidad, el DAT. Por comodidad, el CD.

-¿Qué ha aportado la tecnología a la música?
-Ha facilitado el trabajo, pero al estar tan fácil también sale mucha basura si esa tecnología cae en malas manos. Hay que usarla a tu servicio, y no al revés.

-¿Recuerda la primera música que le impresionó?
-Creo que fue el «Aleluya» de Haendel.

-Mañana me caso, ¿tocaría la marcha nupcial en mi boda?
-¿Cuál de ellas?

La Nueva España, 1995
Tino Pertierra (Siete x Siete)

LA NOCHE CELTA

Resulta altamente gratificante comprobar que en Asturias surgen de vez en cuando talentos tan prometedores como el de Ramón Prada, un joven músico que se planteó el desafío de envolver con música las páginas de la novela de Juan Noriega. Los resultados son magníficos: bellos, vibrantes, delicados y certeros. Una obra excelente que garantiza un gran futuro a Ramón Prada.

La Nueva España, 22-12-95
Javier Blanco

LA NOCHE CELTA

El disco hace sentir que, en ocasiones, sin viajar, se puede encontrar buena música. Sin salir de casa, sin despeinarse, de golpe, aparece alguien con ideas, con logros sonoros multinacionales. Puestos a escuchar «La Noche Celta» sin créditos delante, sin pistas de su procedencia, cualquiera pueda caer en la creencia de que se trata de uno de esos discos magníficos escrito e interpretado por uno de esos músicos de renombre. También puede ocurrir que se encuadre dentro de las grandes obras de la música new age o, quizá, recuerde a algún autor de los setenta, de aquellos que llevaban la etiqueta del rock sinfónico, pero que ellos mismos negaban. ¿O posiblemente suene a otro tipo de sinfonismo? ¿Puede que se trate de una obra folk con innovadoras aplicaciones en instrumentos y melodía? Esas preguntas y reflexiones pueden acudir al oyente en cualquiera de los fragmentos que componen «La Noche Celta».
Lo primero tiene fácil solución. El autor no tiene renombre, no viene de Canadá, Irlanda, Suiza o Portugal. Viene de Cangas de Onís. Tampoco tiene una discografía tras de sí que le respalde y no se llama Paul, ni Lorena, ni Enya, ni Philip… Se llama Ramón Prada. Lo segundo -etiquetar la música- es más difícil de resolver. Pero quizá la mejor fórmula de alcanzar el consenso sea la que propio autor ofrece: un disco con una parte sinfónica y otra folk, aunque esta última tendencia tiene muchos matices que le otorgan la categoría de original.
El primer fragmento, «El Principio», tiene mucho de sinfónico; curiosamente, realza ese ambiente la gaita de Alberto Varillas. Sigue gratamente con melodías sensibles -la sensibilidad y delicadeza musical están presentes constantemente-, «La danza de los castaños», y «El castro» ya hace alguna concesión folk, aunque se mantiene la melodía sinfónica -llamémosla así para entender la altura de esta obra. «Virio» ya es folk, aunque se combinan intrumentos de este género (parte de «Llan de Cubel») con el bajo eléctrico de Carlos Redondo y la guitarra de Pedro Bastarrica. En «Escorcia», el corno inglés de José Ferrer y el fagot de Nacho Herrero, sumados a los sintetizadores de Prada y las panderetas de Fernando Arias, se respira elegancia. Como si este fragmento estuviera vestido de esmoquin. La combinación de músicas e instrumentos alcanza la gloria (aunque la gloria es el disco completo) en la «Danza del Navia». Y las emociones recorren los oídos y otras partes sensibles a la buena música en «La fiesta del fuego». Se trata de una orgía de percusiones -cuerno, panderos cuadrados, gong…-que serían fichadas por Pink Floid para la introducción de cualquiera de sus temas.
Y para que no decaiga la noche, «El final de la noche» -pieza que cierra la obra- es una fiesta de finura y calidad musical. Es el fragmento más largo y viaja por los sones calmados que producen instrumentos de todo tipo (flauta, cello, timbales…), realzados por el tarareo de una dulce voz que remata el trabajo sensacionalmente.
«La Noche Celta» se compuso hace cuatro años. Ramón Prada la creó al piano. Posteriormente, surgió la idea de editarla como complemento a la novela del mismo nombre del también cangués Juan Noriega. El autor literario explicó días atrás que Ramón Prada había logrado sonorizar su novela porque, tras leerla, la música le surgió del corazón. Es cierto. Pero hay que añadir que, además, estas melodías son tan magistrales sólo pueden naacer de la capacidad creativa.